lunes, 8 de noviembre de 2010
De pie ante sus temores. Ese cristal que le devuelve la imagen de una cruda realidad. No se reconoce, y las lágrimas que resbalan de sus ojos lo corroboran. Mil pensamientos se paralizan. Su imaginación despierta al momento y visualiza las medidas de su felicidad. Se puede leer entre las líneas de sus miradas de desprecio a su reflejo. La rabia contenida se desata y junto a los cristales, cae también lo que desde ese mismo instante se convierte en su pasado. Con cada reflejo de sus huesos va una sonrisa. Y esas sonrisas serán interminables. Porque ahogarse en gotas saladas, forma parte de su pasado.
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